La Regeneración

El momento crucial para la vida del elegido es la conversión. El verbo “convertirse”, precedido de la exhortación del Señor, es muy frecuente en el A. Testamento. Los principales textos del Nuevo Testamento son: Mt. 13:15; Me. 4:12; Le. 1:16; Jn. 12:40; Hech. 3:19,26; 14:15; 26:18; 28:27; 1.a Tes. 1:9. El verbo castellano “convertirse” (convertirse), como el griego “epistrépho”, significa “volverse, darse la vuelta”.

Por tanto, la conversión, por parte del hombre que se convierte, tiene dos pasos (o, mejor, dos aspectos de un mismo paso): el arrepentimiento, por el que se aborrece y abandona el pecado, y la fe, por la que se recibe a Cristo. Pero hay que tener siempre en cuenta que la iniciativa en todo lo que afecta a la salvación, es siempre divina y que estos dos pasos son simplemente evidencia de que el corazón del ser humano ha sido regenerado ,tenemos una parte activa (esto es cierto, por ejemplo, de la conversión, la santificación y la perseverancia). Pero en la obra de la regeneración no tenemos una participación activa. Es por completo la obra de Dios. Ello quiere decir que nadie puede convertirse sin que Dios le haya antes vivificado, despertado y convencido de pecado y de la necesidad de salvación a través de una obra sobrenatural del Espíritu Santo. Así, la regeneración espiritual precede lógicamente a todo cambio de mentalidad (“metánoia” término con que el Nuevo Testamento expresa el arrepentimiento), mientras que la fe es efecto de la gracia divina que conduce a la justificación.

Concepto de regeneración

Wayne Grudem define así la regeneración: Podemos definir la regeneración de la siguiente manera: La regeneración es el acto secreto de Dios mediante el cual nos imparte una vida espiritual nueva. Esto es lo que también se conoce como «nacer de nuevo» (usando el lenguaje de Juan 3:3-8).(1)

Por tanto, la regeneración comporta el lado divino del cambio que se efectúa en nuestro corazón y que, visto desde el lado humano, llamamos conversión: Dios cambia la dirección de nuestro camino  y el corazón así cambiado se mueve en dirección hacia el nuevo horizonte. De la misma manera que Lázaro tuvo que ser resucitado antes de poder moverse (Jn. 11: 43-44), no escucho primero Lázaro el llamado luego de despertar, el llamado es lo que despertó a Lázaro, así también nuestro corazón tiene que ser regenerado para caminar en la verdad. Nadie puede hacerse nacer así mismo; nadie se resucita a sí mismo; nacer y resucitar son verbos pasivos ( Ef. 2: 18s.). Pero Lázaro, una vez resucitado, sale del sepulcro. Así también, el hombre regenerado sale del pecado y se dirige hacia Dios.

Calvino usa un sentido más amplio del asunto:

En una palabra, afirmo que el arrepentimiento es una regeneración espiritual, cuyo fin no es otro sino restaurar en nosotros y volver a su prístina perfección la imagen de Dios, que por la transgresión de Adán había quedado empañada y casi destruida. … Mas esta restauración no se verifica en un momento, ni en un día, ni en un año; sino que Dios incesantemente va destruyendo en sus elegidos la corrupción de la carne. (2)

Luis Berkhof opina:

La regeneración es aquel acto de Dios por medio del cual el principio de la vida nueva queda implantado en el hombre, y se hace santa la disposición regente del alma. Pero para incluir la idea del nuevo nacimiento tanto como la del ser “engendrado otra vez”, será necesario completar la definición con las siguientes palabras: “quedando asegurado el primen ejercicio santo de esta nueva disposición.(3)

Terminología bíblica

El Nuevo Testamento emplea diversos términos para expresar el comienzo de una nueva vida espiritual:

1.”Gennád’, que significa “engendrar” o “dar a luz”. Así lo encontramos en Jn. 1:13; 3:3-8; 1.a Pedro 1:23; 1.a Jn.2:29.

2.”Apokyéo”, que significa “producir”, “dar a luz”, como en Stgo. 1:18.

3.”Ktizo”, que significa “crear” y pone de relieve el hecho de que nuestra vida espiritual es de total iniciativa divina, como una creación de la nada, ya que nosotros no teníamos nada válido que aportar para nuestra regeneración: ni virtud, ni poder, ni mérito, pues estábamos “muertos en nuestros delitos y pecados” (Ef. 2: 1). En el mismo sentido somos llamados “nueva criatura” y “hombre nuevo” (V. 2. Cor. 5:17; Gal.. 6:15; Ef. 2:10; 4:24).

4.”Synzoopoiéo”, que significa “dar vida con”, como en Ef. 2:5; Col. 2:19. Este verbo está compuesto de “syn” = con “zoé” = vida (la vida eterna, que estaba en el Verbo, In. 1:4) “poiéo” = hacer.(4)

Examinando estos términos en sus respectivos contextos, nos daremos cuenta de que el comienzo de la nueva vida que llamamos “regeneración”, tiene dos momentos o aspectos: la generación, o comienzo de una nueva vida dentro de nuestro ser; y el “nuevo conocimiento”, o salida a la luz -parto- de la nueva vida. La generación implanta en nuestro ser la semilla de la nueva vida; el nuevo nacimiento es el momento  en que esta nueva vida se manifiesta operante.

Características de la regeneración

1. Es instantánea

La implantación de un nuevo principio de vida es siempre instantánea. Lo mismo pasa en nuestra vida espiritual. Aunque la Providencia Soberana de Dios y la obra del Espíritu hayan estado preparando el terreno gradualmente, debe haber un instante en que la disposición radical de nuestro corazón, antes hostil a Dios y a Su Palabra, se cambia en favorable y amorosa, bajo la influencia del Espíritu Santo. Todo lo que antecede a la regeneración (deseos, temores, reflexiones, lecturas, oraciones, asistencia a los cultos), puede ser parte de la preparación del Espíritu o simples reacciones humanas, pero no deben confundirse con la regeneración propiamente dicha.

Grudem apunta:

Debido a que la regeneración es una obra de Dios dentro de nosotros en la cual nos da vida nueva, es correcto concluir que es un suceso instantáneo. Ocurre solo una vez. En un momento estamos espiritualmente muertos, y al momento siguiente tenemos nueva vida espiritual en Dios. No obstante, no sabemos siempre con exactitud cuándo ocurre este cambio instantáneo. Especialmente los niños que crecen en un hogar cristiano, o las personas que asisten a los cultos de una iglesia o a un grupo de estudio bíblico durante un tiempo y van creciendo gradualmente en su comprensión del evangelio, puede que no haya una situación de crisis dramática con un cambio radical de comportamiento que convierte a un «pecador endurecido» en un «cristiano santo», pero, no obstante, en algún momento tiene lugar ese cambio instantáneo, cuando Dios por medio del Espíritu Santo, en una manera invisible, despierta la vida espiritual dentro de nosotros. El cambio se hará evidente a lo largo del tiempo en las formas de comportamiento y deseos que ahora son gratos a Dios.(5)

2. Es radical

Francisco La Cueva apunta en este sentido:

Porque es un cambio total en el estado del hombre, ya que toda la dinámica moral y espiritual de sus facultades se ve afectada por la nueva vida: una nueva gama de criterios acerca de los verdaderos valores ilumina su mente; un nuevo complejo de aficiones e intereses dispone sus sentimientos; un nuevo plantel de motivos guía las deliberaciones e impulsa las decisiones de su voluntad, renovando su energía operativa en el orden espiritual. En pocas palabras, la nueva vida comporta un correcto pensar, sentir, decidir y obrar. (6)

Entonces por ser un cambio radical, la regeneración es total y absolutamente necesaria para la salvación (Rom. 8:7; 1 Cor. 2: 14). Antes de la conversión, estamos “muertos en delitos y pecados” para la vida espiritual, y a un cadáver no se le va con medicinas, inyecciones, menos con inducciones a que decida o invitaciones: es preciso que reciba una nueva vida. Jesús le responde a Nicodemo acerca de su  “sabemos” (Jn. 3:2), no con nuevas razones que refuercen las correctas convicciones apologéticas del fariseo, sino que, dando a la conversación un giro de 180 grados, le replica: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn. 3: 3).

Este atributo radical de la regeneración muestra que el cambio se ha hecho desde la raíz del ser humano, desde lo que la Biblia llama el “corazón”, pero esto no significa que sus facultades hayan quedado inmunizadas contra el error y el pecado aun en esta etapa sin glorificar. El regenerado puede aun errar y puede caer en pecado, pero jamás volverá a tener una vida pecado. Aunque el pecado llegue a él, será como un cuerpo extraño dentro de la nueva naturaleza (1Jn. 3: 8-9). Aquellos que fuimos escogidos por ser lo más vil del mundo y regenerados  “no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Rom. 8:4). Así como los no regenerados pueden obrar a veces como si fueran guiados por el Espíritu,es decir con apariencia moral aunque su naturaleza caída no esté en el camino de la vida eterna, así también los regenerados pueden a veces hacer obras de la carne, pero no marchan, según la brújula de la carne.

3. Se produce primeramente en el corazón

 

En aquella región del ser humano donde se planean las opciones fundamentales, y de donde emerge todo el carácter o disposición de la conducta del ser humano (Mt. 15:18-19; Me. 7:21-22; Le. 6:45; In. 7:17; Rom. 10:9-10).

 4. No es un cambio óntico-físico, sino moral-espiritual

La Teología tradicional católico-romana enseñaba que el justificado obtiene la participación de la divina naturaleza por medio de la gracia santificante, cualidad infusa que eleva al hombre al estado sobrenatural, confiriéndole así UD, principio óntico, connatural al nuevo estado. Nosotros admitimos la necesidad de un principio sobrenatural óntico, que mueva nuestras facultades en dirección a la vida eterna, pero decimos con Rom. 8:14 que ese principio no es una cualidad infusa o accidente sobrenatural, sino el mismo Espíritu Santo. En consecuencia, entendemos la participación de la divina naturaleza de que habla Pedro (2.a Pedro 1:4), no como una “física comunión del hombre con Dios… por medio de un don creado”, sino como una participación moral en el modo divino de comportarse, huyendo del pecado y orientándose hacia la virtud, como explica bien el contexto posterior.(7)

Por tanto, la regeneración espiritual no cambia la sustancia del ser humano ni de sus facultades, sino que es un cambio: (a) espiritual, por la recepción del Espíritu Santo, que impulsa a nuestro espíritu en un sentido contrario al anterior llevándonos al arrepentimiento y fe necesarios para la Salvación; (b) moral, porque origina nuevos hábitos o costumbres de obrar es decir que será evidenciada como genuina esta regeneración en cuando al cambio del comportamiento mental y moral de la persona .El hombre tenía antes el poder de amar, pero lo dirigía hacia sí mismo; ahora lo dirige hacia Dios y hacia el prójimo. Respecto al pecado, el hombre tenía el conocimiento del pecado, pero no el poder de contrarrestarlo; después de la regeneración, puede vencerlo con el poder del Espíritu.

La causa eficiente de la regeneración espiritual

Hablando el Apóstol Juan de los que han recibido la dignidad de llegar a ser hijos de Dios, especifica que “no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de’ Dios.” Juan. 1: 13). Así que:

a.    La regeneración no se produce por herencia

Lo que se transmite es el El pecado original de padres a hijos por herencia, ya que toda la humanidad futura estaba representada en Adán pecador (Rom. 5: 12ss.), pero la regeneración espiritual dada por el Padre a través del Espíritu Santo y merito de el Sacrificio magno de Cristo (Ef. 2: 5), no se hereda de padres a hijos, sino que de la común masa de perdición van saliendo uno a uno (ésta) es la fuerza distributiva del pronombre griego “hósoi” = todos cuantos, en Jn. 1: 12) los creyentes, salvos por gracia, no por naturaleza (Ef. 2: 3,8). Como alguien dijo, “Dios no tiene nietos, sino sólo hijos”. Uno no es salvo por tener padres cristianos, sino que para salvarse tiene que ser convertido en cristiano por Gracia.

Berkhof afirma:

Ahora bien, la condición del hombre por naturaleza es, según la Escritura, tanto en disposición como en acto, exactamente lo opuesto de lo que es la santidad que aquí es tan indispensable. El hombre está descrito como muerto a causa de sus transgresiones y pecados, Ef. 2: 1, y esta condición reclama nada menos que una restructuración hacia la vida. Un cambio literal interno se hace necesario, un cambio por medio del cual se cambie toda la disposición del alma.(8)

b.    La regeneración no es producto de la voluntad carnal

No sólo porque no puede ser producida por el impulso carnal, sino porque nada hay a nivel del hombre que pueda producirla: (a) No la raza, porque muchos de los pertenecientes al pueblo de Israel  no la obtuvieron, mientras que muchos gentiles de toda raza (“del oriente y del occidente” Mt. 8: 11; Le. 13: 29) la obtuvieron de un Dios que puede sacar de las piedras “hijos de Abraham”; (b) tampoco el lugar, porque no hay ningún lugar lo suficientemente sagrado para santificar a un inconverso, como no hay ningún lugar tan profano que pudiera manchar a un justificado. Si el lugar hiciese a la persona, el que nace en una cochera tendría que ser un auto; (c) no la civilización, porque las armas del civilizado son más salvajes y destructivas  que el hacha o espada del hombre antiguo. Ni la cultura, ni el progreso, ni los avances sociales, pueden mejorar al hombre, porque la cultura está formada por hombres  y todo lo que emana de esta cultura es solo fruto de la naturaleza caída del hombre, a menos que se produzca en los corazones ese cambio radical que llamamos “regeneración” y “nuevo nacimiento”; (d) ni siquiera la religión, considerada como un conjunto de normas morales, o como un grupo de ritos y ceremonias, o aun como un cúmulo de verdades acerca de Dios, por que las cuales pueden aceptarse teóricamente sin haber nacido de nuevo (Stg 2: 19).

c.    La regeneración no es producto del esfuerzo humano:

Entonces quedo claro que la voluntad del hombre es incapaz de producir un fenómeno que, rebasa sus posibilidades, de la misma manera que un cadáver no puede darse a sí mismo la vida. Ni el esfuerzo, ni el mérito, ni la colaboración siquiera de la voluntad humana pueden producir total o parcialmente la regeneración espiritual. Dos tendencias teológicas se oponen a esta verdad bíblica:

I.    El Pelagianismo, según el cual la regeneración consiste en la reforma moral de la propia vida, factible por el esfuerzo virtuoso de la voluntad humana, sin necesidad de un nuevo nacimiento, ni siquiera de la gracia de Dios. Pero las Escrituras son claras al respecto que el hombre no ha nacido de nuevo, no puede someterse a la Ley de Dios; mucho menos, orientar sus facultades hacia la vida eterna, hallándose como se halla en estado de muerte.

II.    El Arminianismo, según el cual la regeneración es conjuntamente el producto de la voluntad humana y de la influencia divina a través de la verdad del Evangelio, en mutua cooperación. Algo parecido sostiene el Molinismo, o enseñanza tradicional de los jesuítas, aunque la enseñanza más común hoy en la Teología católico-romana es que la cooperación del hombre a la obra de la justificación y de la regeneración “bautismal” es también fruto dela gracia, cuya es la iniciativa. Ambas tendencias pasan por alto la depravación radical de la voluntad humana, centrada en sí misma por el pecado e incapaz de cooperar por sí misma a ningún nivel a no ser que el nuevo principio de vida cambie la orientación del corazón y haga posible una decisión santa, nacida de una voluntad ya liberada por el Espíritu y por la Palabra (Jn. 8:32; 2.a Cor. 3:17).

De estas dos posturas Luis Berkhof anota:

Según Pelagio el concepto de la regeneración es sólo un acto de la voluntad humana, y en la práctica es idéntico con la propia reforma lograda por uno mismo. Con algunas ligeras diferencias este es el concepto de la teología moderna ancha. Una modificación de este concepto es el de los semipelagianos y de los arminianos, que la consideran, al menos en parte, como un acto del hombre que coopera con las influencias divinas aplicadas por medio de la verdad. Esta es la teoría sinergética de la regeneración. Estos dos conceptos envuelven una negación de la depravación total del hombre enseriada con tanta claridad en la Palabra de Dios en Juan 5: 42; Rom. 3: 9-18; 7: 18, 23; 8: 7; II Tim. 3: 4; y de la verdad bíblica de que sólo Dios es el que inclina la voluntad del hombre, Rom. 9: 16; Fil. 2: 13.(9)

Parece que hay problemas en este sentido entonces con el punto aseverado de que la regeneración viene después de la iniciativa humana, (al margen del error centrado en la malinterpretación del estado caído del hombre, del pecado original, etc.) , que es lo que alegan los creyentes del arminianismo, pelagianismo y semipelagianismo, Grudem dice al respecto:

La idea de que la regeneración viene antes de la fe salvadora no es algo que los evangélicos de hoy siempre entienden. A veces las personas llegan incluso a decir algo como: «Si usted cree en Cristo como su Salvador, entonces (después que usted cree) nace de nuevo». Pero las Escrituras mismas nunca dicen eso. Las Escrituras ven el nuevo nacimiento como algo que Dios hace dentro de nosotros con el fin de capacitamos para creer.

La razón por la que la mayoría de neo-evangélicos piensan con frecuencia que la regeneración viene después de la fe salvadora es que ven los resultados (amor por Dios y por su Palabra, y apartarse del pecado) después que las personas llegan a la fe, y piensan que la regeneración debe, por tanto, venir después de la fe salvadora. No obstante, aquí debemos decidir en base de lo que las Escrituras nos dicen,porque la regeneración misma no es algo que nosotros veamos o sepamos de ella directamente: «El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu» (Jn 3:8).

Debido a que los cristianos tienden con frecuencia a enfocarse en los resultados de la regeneración, más bien que en la misma acción espiritual oculta de Dios, algunas declaraciones de fe evangélicas han contenido redacciones que sugieren que la regeneración viene después de la fe salvadora. Por ejemplo, la declaración de fe de la Iglesia Evangélica Libre de los Estados Unidos (la cual ha sido adoptada por algunas otras organizaciones evangélicas) dice:

Creemos que la iglesia verdadera está compuesta de todas aquellas personas que por medio de la fe salvadora en Cristo Jesús han sido regenerados por el Espíritu Santo y están unidos juntos en el cuerpo de Cristo del cual él es la Cabeza (párrafo 8). .(10)

  La causa, agente (principal) de la Regeneración es el Espíritu Santo.

En Respuesta a Nicodemo “¿Cómo puede un hombre’ nacer siendo viejo?”, Jesús respondió: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y la que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Jn. 3:4-6).

Sólo el Espíritu o aliento personal de Dios puede infundir la vida espiritual en nuestro ser. Como una creación de la nada, en que no hay materia prima que condicione al artífice, así el Espíritu “sopla de donde quiere” (Jn. 3: 8), con la máxima libertad, y entrando por las rendijas más escondidas de nuestro ser, se instala no sobre nuestro corazón, sino dentro de él, de modo que puede cambiado desde dentro y orientado hacia la vida eterna, sin ejercer violencia sobre nuestra psicología. (11)

El único concepto adecuado es el que ha tenido la Iglesia de todos los Siglos, que considera al Espíritu Santo la causa eficiente de la regeneración. Esto significa que el Espíritu Santo obra en forma directa sobre el corazón del hombre y cambia su condición espiritual. No hay cooperación de ninguna clase de parte del pecador en esta obra. Es la obra del Espíritu Santo directa y exclusivamente, Ez. 11: 19; Juan 1: 13; Hech. 16: 14; Rom. 9: 16; Fil. 2: 13.

La regeneración, pues, tiene que concebirse en su forma solitaria. Dios solamente obra, y el pecador no tiene parte ninguna en esa obra. Esto, de consiguiente, no significa que el hombre no coopere en etapas posteriores en el trabajo de la redención. De la Escritura se desprende con claridad que el hombre lo hace.(12)

La regeneración no es sólo un acto de Dios, sino también un acto de Su poder omnipotente…. Como acto de la omnipotencia, es ciertamente eficaz, porque nada puede resistir al poder omnipotente. … La aserción de que la regeneración es un acto de omnipotencia es, y quiere ser, una negación de que sea un acto de persuasión moral. Es una afirmación de que es «físico» en el antiguo sentido de aquella palabra, como opuesto a moral; y que es inmediato, en oposición a mediato, o por medio de o por la verdad. Cuando bien en la Escritura bien en las obras teológicas se toma la palabra regeneración en su sentido más amplio incluyendo la conversión o el retomo voluntario del alma a Dios, entonces se dice desde luego que es por la Palabra. (13)

  El Uso de la Palabra de Dios como instrumento

Puesto que el Espíritu Santo usa la Palabra de Dios en su obra de regeneración tanto como en su obra de convicción de pecado, no es contradictorio hablar de la Palabra misma como la causa eficiente de la regeneración.

Pedro afirma que somos «renacidos no de simiente corruptible sino incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre» (1 Pedro 1:23). Santiago dice: «Recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas» (Stgo1:21), y «Él, de su voluntad nos hizo nacer, por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas» (Stgo 1:18).

Concluimos con Berkhof :

La Biblia hace distinción entre la influencia del Espíritu Santo y la de la Palabra de Dios, y declara que la del Espíritu se hace necesaria para la recepción adecuada de la verdad, Juan 6: 64, 65; Hech. 16: 14; I Cor. 2: 12-15; Ef. 1: 17-20. Nótese particularmente el caso de Lidia, de quien Lucas dice: “Ella estaba oyendo (ekouen,inf.), y el Señor abrió el corazón de ella (dienaixen, aor., un solo acto), para que estuviese atenta (prosechein, inf. de resultado o propósito) a lo que Pablo decía”.(14)

Carlos Alberto Paz

Bibliografía

(1)    Wayne Grudem, Teología Sist. Pag.733

(2)     Institución a la religión, cap III, 9. vol. I pág. 454

(3)    Luis Berkhof, Teología Sist.Pag.587

(4)    Francisco Lacueva, Doctrinas de la Gracia, Pag.37

(5)    Wayne Grudem, Teología Sist. Pag.735

(6)    Francisco Lacueva, Doctrinas de la Gracia,Pag. 38

(7)    Francisco Lacueva, Doctrinas de la Gracia, Pag. 38

(8)    Luis Berkhof, Teología Sist.Pag.592

(9)    Luis Berkhof, Teología Sist.Pag.593

(10)    Wayne Grudem, Teología Sist. Pag.733

(11)    Francisco Lacueva, Doctrinas de la Gracia, Pag. 38

(12)    Luis Berkhof, Teología Sist.Pag.584

(13)    Charles Hodge, Teología Sist,Pag 299

(14)    Luis Berkhof, Teología Sist.Pag.596

Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.