El Amor, la Ira, la Elección y la Reprobación de Dios

Existe una armonía perfecta entre el amor y la ira de Dios

La siguiente es una respuesta que di a una consulta hecha por un hermano en Cristo sobre el amor de Dios y el infierno. La respuesta relaciona tanto el amor como la ira de Dios, demostrando así que no existe contradicción alguna entre estos dos aspectos del Ser de Dios. A su vez, se relacionan ambos con la elección y la reprobación Divinas. Espero en Dios que sea de edificación para ustedes:

Debemos entender, primero, que es el amor de Dios. El amor de Dios, parte esencial de Su Ser, es el eterno deleite y contemplación de Sí mismo en cuanto a Su Santa perfección. Dios ama lo perfecto, lo santo, lo limpio, y Dios puede amarnos solamente gracias a la perfecta santidad y justicia con la que estamos vestidos debido a la persona y obra de Cristo. Dios, siendo perfectamente Santo, no va a amar lo imperfecto, es decir, lo corrupto y pecaminoso, pues por implicancia eso significaría que Dios amaría el pecado, la maldad, algo que es totalmente impensable. Por supuesto, la Escritura dice que Dios nos amó aún siendo pecadores (Romanos 5:8), pero Su amor se expresa a nosotros por cuanto Él nos amó en Cristo antes de los tiempos (2 Timoteo 1:9); de no ser así, por cuanto somos pecadores, Dios nos hubiera condenado; en cambio ahora, Dios nos ama como ama a Su propio Hijo, esto es, con el mismo amor con que se ama a Sí mismo (Juan 17:25-26).

Una de las reacciones naturales del amor es la ira, la que se manifiesta cuando el objeto del amor es tocado. En otras palabras, la ira es una manifestación del amor. Para que lo entiendas, te doy un ejemplo: Si tú amas a tu esposa, entonces querrás lo mejor para ella y buscaras que esté bien en todo. Si, por ejemplo (Dios no lo quiera), viene un ‘tipejo’ y golpea a tu esposa, la reacción natural que deberás tener será la ira, porque el objeto de tu amor está siendo tocado, y esa ira te llevará a reaccionar en defensa de tu esposa, lo cual, por cierto, está bien.

Por medio del ejemplo anterior, entonces, espero que puedas entender la relación existente entre el amor y la ira de Dios. Dios, siendo Él mismo el objeto supremo de Su amor, no dejará que nada ensucie o insulte Su Nombre. El pecado es un insulto a Su Santidad y rebelión contra Su Señorío y, en este sentido, el pecado toca al objeto supremo de Su amor, que es principalmente Él mismo. Entonces, la reacción natural, justa y santa de Dios en contra del pecado es, lógicamente, la ira, cuyo efecto es la destrucción del objeto pecaminoso.

Entonces, el amor y la ira de Dios no están enfrentados. Cuando Dios condena a un alma al infierno, está expresando Su amor por Sí mismo en la ira contra tal objeto. Por supuesto, a su vez, por cuanto Dios nos ama con el mismo amor con que se ama a Sí mismo gracias a la perfecta justicia y santidad de Cristo imputada a nosotros, entonces el castigo contra el impío también es una expresión de Su amor hacia nosotros, por causa de todo tropiezo que ponen delante nuestro (Mateo 18:6-7).

Ahora bien, Dios derrama Su ira en contra de los réprobos (aquellos que Dios eligió para perdición antes de la fundación del mundo) sobre ellos mismos, pero la ira que los elegidos para salvación deberían haber experimentado fue totalmente cargada y sufrida por Jesucristo en nuestro lugar (Romanos 5:9). La ira de Dios es tan terrible que Jesucristo oró al Padre para que, si era Su voluntad, pasase de Él esa copa amarga; en otras palabras, Jesús no temía ni a los latigazos, ni a los clavos, ni a las burlas, ni a nada que el hombre pudiera hacerle, sino que temía a la ira de Dios que en ese momento iba a cargar por nosotros (Lucas 22:41-44).

Espero que ahora aprecies mucho más Su obra en lugar nuestro. No hay alma en el infierno que haya sufrido más que lo que nuestro Salvador sufrió por nosotros aquellas tres largas horas, pues Él sufrió el infierno de innumerables multitudes, por amor a ellos.

Lo anterior era para enseñarte que no hay conflicto entre el amor de Dios y el hecho de que condene innumerables almas al infierno. Al igual que nosotros, esas almas han pecado contra Él y al ser condenadas tienen solamente lo que se merecen, que es lo mismo que merecemos nosotros de no ser porque Dios nos amó de manera particular e individual (por cuanto nos eligió para amarnos) y nos salvó en Cristo Jesús.

Ahora bien, en cuanto a la elección y reprobación, lo que dices es cierto: Calvino tiene razón. Tal como dice el pasaje, Dios, antes de la fundación del mundo, hizo “de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra” (Romanos 9:21). Dios preparó los vasos de ira con el fin de “mostrar su ira y hacer notorio su poder” (vs. 22), y preparó los vasos de misericordia con el fin de “hacer notorias las riquezas de su gloria” (vs. 23).

Como dije anteriormente, el objeto principal del amor de Dios es principalmente Él mismo. Entonces, siendo Él mismo la suma de toda perfección, el glorificarse a Sí mismo es el efecto lógico de este amor, y Dios quiso (no por necesidad, sino porque simplemente así lo quiso) manifestar Su gloria en la Creación como un todo (Romanos 11:36; Colosenses 1:15-16). Por lo tanto, Dios no va a manifestar Su gloria solamente en Su amor para con Sus elegidos, sino también en Su ira en contra de los réprobos, por cuanto han pecado contra Él. Sin embargo, para esto fueron creados, para que Dios manifieste en ellos Su ira y Su poder (Proverbios 16:4; Romanos 9:16-18). Como nos lo dice Romanos 9:16-18, Dios no creó a faraón para amarle y salvarle, sino que lo creó “para mostrar en (él Su) poder, y para que (Su) nombre sea anunciado por toda la tierra“. A partir de esto, Pablo concluye que Dios “de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece“. La salvación y la perdición están en manos de Dios (Santiago 4:12).

¿Porque Pablo reprende tan duramente a aquellos que, en respuesta a la doctrina de la elección y reprobación soberanas e incondicionales, objetan de la misma manera que en Romanos 9:19? Para saberlo, debemos entender la objeción. El vs. dice lo siguiente: “Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?“. El asunto es el siguiente: Si Dios eligió a ciertos humanos para perdición, y Dios mismo lleva a cabo tal decreto mediante el endurecimiento de sus corazones, pues es Dios mismo quién directamente obra el endurecimiento en ellos (vs. 18), entonces ¿Porque les condena (“¿Por qué, pues, inculpa?“) si, finalmente, ellos están haciendo aquello para lo que Dios mismo les creó (“porque ¿quién ha resistido a su voluntad?“)? La objeción anterior es un ataque directo en contra de la Soberanía de Dios, pues objeta el derecho de Dios de hacer LO QUE QUIERA con lo Suyo, es decir, con Su Creación. Para ellos, Dios solamente puede obrar de la forma y manera que ellos mismos en sus mentes piensan que debe obrar.

Por esta razón, Pablo responde en primer lugar callando a sus objetores por su impía irreverencia, pues ellos son criaturas, no Dioses (“Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios?“), y en segundo lugar les responde positivamente estableciendo el derecho de Dios de hacer lo que quiera con nosotros (“¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?“), para luego dejar en claro en los vs. 22-24 que no hay ningún problema en que Dios haya creado a unos para perdición y a otros para salvación.

Todo lo que Dios hace es por necesidad justo, santo y bueno, pues solo Él es el parámetro de estas cosas. Dios no está sometido a ninguna ley fuera de Él, pues de ser así habría algo sobre Dios, y lógicamente eso es imposible (Hebreos 6:13). Por lo tanto, si Dios hace algo, entonces Su obrar es necesariamente es justo, santo y bueno solo porque Dios lo hizo. En conclusión, no hay ningún problema ético en que Dios haya creado a X cantidad de hombres para perdición y que en el tiempo obre tal decreto sobre ellos, pues el hecho de que lo haya hecho inmediatamente nos indica que en Su juicio aquello es justo, santo y bueno. Si no fuese así, Dios no lo haría, pues Él es Santo. El problema comienza cuando nosotros, hombres caídos y sin juicio, imponemos a Dios parámetros éticos de nuestra propia invención y esperamos que Dios se someta a ellos. Tal irreverencia es condenada por Pablo.

Dios les bendiga…

Claudio Gonzales

Extraido del Blog : http://reformadoreformandome.wordpress.com/2011/05/02/el-amor-la-ira-la-eleccion-y-la-reprobacion-de-dios/#more-1135