Salmos, himnos y cánticos espirituales

Por Sugel Michelén

Tanto en Ef. 5:18-19 como en Col. 3:16 somos exhortados alabar a Dios con “Salmos, himnos y cánticos espirituales”. Pero ¿qué significan estos términos? ¿Qué tipo de composiciones caben en estas tres categorías? ¿O qué diferencias hay entre ellas?

Para responder esta pregunta, debemos ir a la misma Escritura, para determinar por medio de ella lo que estos términos significan. No deberíamos interpretar estas palabras de acuerdo el significado que hoy se les asignan, sino de acuerdo al significado que la misma Biblia les da.

Y aunque estos datos pueden resultar un poco técnicos para algunos, son indispensables para determinar qué tipo de cánticos son los que Dios quiere en Su iglesia.

La palabra “salmos” que Pablo usa en estos dos textos, significa simplemente “canción de alabanza” y aparece 87 veces en la Septuaginta, la versión griega del AT que tanto Cristo como los apóstoles usaron. De esas 87 veces, 78 se encuentran en el libro de los Salmos; y de esas 78 veces, 67 aparecen en los títulos de algunos Salmos.

En el NT, la palabra “salmos” aparece 7 veces, en 3 ocasiones citando directamente el libro de los Salmos. Así que, de las 87 veces que esta palabra aparece en la Septuaginta y de las 7 que aparece en el NT, por lo menos unas 70 veces se usa en referencia directa a los Salmos del libro de los Salmos.

En los otros casos, la mayoría de las veces esta palabra aparece en textos donde se nos exhorta cantar Salmos o donde alguien expresa su determinación de cantar salmos. Así que no cabe duda que esta palabra se refiere primariamente, aunque no únicamente, a los salmos inspirados que encontramos en las Sagradas Escrituras.

La palabra “himnos” ocurre 17 veces en la Septuaginta, 13 de ellas en el libro de los Salmos; y de esas 13, 6 de ellas forman parte del título de algunos salmos. Mientras que en el NT la palabra aparece sólo dos veces, en los pasajes que estamos considerando de Ef. 5:19 y Col. 3:16.

Es interesante notar que esta palabra griega que Pablo usa en estos pasajes del NT, se usa en varias ocasiones en la Septuaginta para traducir la palabra hebrea tehillah que es la que usaban los hebreos para designar el libro de los Salmos. Así que, una vez más, estamos ante una palabra relacionada con los Salmos del libro de los Salmos.

La tercera palabra es “cánticos”, la cual es usada 80 veces en la Septuaginta, 45 de ellas en los Salmos; y de esas 45, 36 veces en los títulos de algunos Salmos. Mientras que en el NT, esta palabra aparece en los dos pasajes de Ef. 5:19 y Col. 3:16, así como 4 veces más en el libro de Apocalipsis.

De manera que los tres términos que Pablo usa en Ef. 5:19 y Col. 3:16, se usan en la Septuaginta para referirse a los Salmos, y los tres aparecen en los títulos de algunos Salmos. De hecho, en algunos casos, aparecen la palabra “Salmo” y la palabra “cántico” como parte del título del mismo Salmo (como en el Salmo 18, por ejemplo).

Por eso no es tan fácil hacer una distinción muy marcada entre estas tres categorías. El libro de los Salmos está compuesto de Salmos, himnos y cánticos. Particularmente no quisiera aventurarme a hacer un intento de distinguir cuándo una composición es un Salmo, un himno o un cántico.

Lo que sí podemos decir con seguridad, en lo que respecta a nuestros cantos congregacionales, es que si queremos alabar a Dios tal como Él lo ha prescrito en Su Palabra, no solo debemos cantar Salmos, sino también procurar que nuestros himnos reflejen las características de esas composiciones inspiradas por el Espíritu de Dios.

En ese sentido, si comparamos los himnos tradicionales y los coritos que se cantan en muchas iglesias hoy con los salmos de la Biblia, creo que los primeros se acercan mucho más al patrón bíblico que los últimos. No olvidemos que los israelitas eran iletrados tal vez en un 95 %, y sin embargo muchos de los salmos son bastante densos y complejos en su contenido. Peter Masters dice al respecto:

“Todos los salmos (con la excepción de cinco) contienen suficiente material como para ser convertidos en una paráfrasis o himno de al menos cinco estrofas… Muchos de los salmos son incluso más largos. Sólo los siguientes salmos (el 3% del salterio) contienen menos de cinco versículos” [y luego incluye el 117, 123, 131, 133, 134 – los paréntesis son míos].

Mantengámonos lo más apegados posibles a estas composiciones poéticas que el mismo Espíritu Santo inspiró y estaremos pisando un terreno seguro al escoger los himnos que debemos cantar en la iglesia. Con eso no queremos descartar composiciones contemporáneas como “Solo en Jesús” o “Ante el Trono Celestial”; tampoco abogamos porque se descarten otras composiciones debido a su brevedad (creo que algunas son apropiadas para la alabanza en la iglesia). Pero creo que muchas iglesias se están empobreciendo al sustituir muchos de los grandes himnos del pasado por composiciones ligeras y superficiales que no alcanzan las categorías mencionadas por Pablo en Ef. 5:19-20 y Col. 3:16.

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