Robert L. Reymond – Acerca del deseo de Dios

Algunos teólogos reformados enseñan que Dios puede y desea honestamente, espera ardientemente que suceda, y de hecho trabaja para efectuar cosas que el decretó que nunca sucedieran. Basando sus conclusiones en Deuteronomio 5:29, Ezequiel 18:23, 32; 33:11, Mateo 23:37 y 2 Pedro 3:9, John Murray afirma en “The Free Offer of the Gospel” [La Libre Oferta del Evangelio], Collected Writings of John Murray (Edinburgh: Banner of Truth, 1982), que Dios se representa como “deseando honestamente el cumplimiento de algo que en el ejercicio de su voluntad soberada de hecho no ha decretado que aconteciera”, que Él “expresa un ardiente deseo por el cumplimiento de ciertas cosas que en su inescrutable consejo no decretó que pasaran”, que Él “desea… el cumplimiento de lo que Él no deseó decretivamente”, que Cristo “deseaba el favor de su salvadora y protectora gracia sobre no el Padre ni Él decretaron salvar y proteger”, que “Dios no desea que ningún hombre peresca. Su deseo es todos entren a la vida eterna por medio del arrepentimiento” y finalmente, que “hay en Dios una benevolente bondad hacia el arrepentimiento y salvación incluso de aquellos que Él no decretó salvar” (4:119, 130, 131-132). John H. Gerstner igualmente propone, pero si el requisito de apoyo escritural, en A Predestination Primer [Un Libro Elemental sobre Predestinación] (Winona Lake, Ind.: Alpha Publications, 1979) 36-37, que Dios sinceramente “lucha con los hombre que Él conocía y predestinó que perecieran”, que “Dios, que conoce todas las cosas, inclusive el hecho que ciertas personas a pesar de todos los esfuerzos rechazarán y no creerán, continua obrando en ellos para persuadirlos de creer”, y que “Dios, que conoce la vanidad de ciertos esfuerzos de convertir a ciertas personas, procede a hacer esos esfuerzos que Él sabe que serán en vano.” Si seguimos esta trayectoria de razonamiento hasta su fin lógico, deberemos concluir que quizás Cristo, ya que Él conocía la futilidad de su esfuerzo, después de todo si murió por aquellos que el Padre y Él habían decretado no salvar. Pero todo razonamiento así imputa irracionalidad a Dios, y los pasajes sobre los cuales Murray construye sus conclusiones pueden ser legítimamente interpretados de forma que el cristianos no se vea forzado a imputar tal irracionalidad a Dios.

REYMOND, Robert L. A New Systematic Theology of the Christian Faith. Nashville: Thomas Nelson (2001). Pp. 692-693.

Extraido de : http://reformadoreformandome.wordpress.com/